Martín Díaz / DIFusión Tamaulipas
En el Ejido El Aserradero, municipio de Miquihuana, donde el frío cala hasta los huesos y la vida avanza al ritmo lento de la montaña, algo tan cotidiano como cocinar puede convertirse en un peligro. Durante años, las familias han vivido entre paredes impregnadas de hollín, respirando el humo de la leña que se quema en fogones rudimentarios. Pero esta semana, algo cambió.
El Sistema @DIFTamaulipas, bajo la dirección de la Dra. María de Villarreal, llegó con un pequeño pero significativo alivio: 14 estufas ecológicas. Para muchos, un artefacto que en otro contexto sería apenas un electrodoméstico, aquí significa salud, ahorro y esperanza. Estas estufas prometen mejorar las condiciones de vida de las familias, reduciendo los riesgos de enfermedades respiratorias y optimizando el consumo de leña, un recurso que escasea tanto como las oportunidades en esta región.
La entrega de las estufas forma parte de la estrategia #SaludYBienestarComunitario, una iniciativa que se ha fortalecido gracias al compromiso de las comunidades y la voluntad de una administración que dice priorizar a los más vulnerables. “#PorUnTamaulipasLlenoDeApapachos”, reza su lema, evocando un calor humano que, al menos en este rincón del estado, se sintió por un día.
El Contexto de la Necesidad
El Aserradero es como tantos otros ejidos de la sierra: caminos polvorientos, techos de lámina y un puñado de promesas que nunca llegaron. Aquí, las mujeres cocinan a fuego abierto, expuestas al humo que enferma pulmones y ojos. Las niñas y niños crecen acostumbrados a ese aire pesado, que se cuela hasta en los sueños.
Las estufas ecológicas no solo son un artefacto; son una declaración de que alguien, en algún lugar, ha reconocido una deuda histórica con estas familias. Pero también son un recordatorio de todo lo que falta. Porque si bien 14 estufas ayudan, no resuelven.
¿Cambio Sustentable o un Gesto Temporal?
La pregunta que queda en el aire es si este tipo de apoyos serán permanentes o si quedarán en el archivo de las buenas intenciones. Mientras tanto, las familias de El Aserradero encenderán sus nuevas estufas y, quizás, por primera vez en mucho tiempo, cocinarán sin el peso del humo como sombra constante.
En este rincón de Tamaulipas, donde la vida parece detenerse, el fuego ya no será enemigo, sino aliado. Pero el verdadero desafío será encender otro tipo de llama: la de un desarrollo que no dependa de las fotografías oficiales ni de los titulares.
Por ahora, en El Aserradero, una cosa es clara: el humo empieza a disiparse.
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